miércoles, 6 de agosto de 2008

Violencia y falta de límites


Por: Licenciado Jorge Rafael Tizón

Vemos en los últimos días con mucha preocupación como se suceden bochornosos hechos de violencia en el contexto escolar que involucran a docentes, alumnos, padres, porteros, padrastros, y hasta algún ocasional transeúnte extra escolar en el sentido estricto de la palabra ,si es que existe algún sentido estricto de la palabra. Cabe recordar el hecho de la escuela N°1986 Doctor Pedro Pablo Pasculi, cuando atravesaba el patio central, con su paso cancino, el vendedor de horrendos guardapolvos a cuadritos y recibió el impacto de un contundente avioncito de papel por el cual perdió de forma transitoria el ojo derecho.

La pregunta que deberíamos hacernos todos los que tenemos alguna responsabilidad dentro del universo educativo es cómo llegamos a este punto. Yo no encuentro otro argumento más contundente y científico que la marcada tendencia de la docencia a la mano blanda o, como diría un afamado pedagogo griego, el problema de la ‘manus ginobilis’. Que no es exactamente lo mismo que la ausencia de mano dura. El síndrome de la ‘manus ginobilis’ se caracteriza por una mirada perdida del docente, como no entendiendo que hace en ese lugar, cierta complicidad con el agresor; cuando no, una actitud colaborativa participando activamente en las zancadillas entre compañeros, el uso de anteojos oscuros para tener siempre una buena excusa a la hora de argumentar que en ese momento estaba justo mirando para otro lado.

De no tomar medidas urgentes esta tendencia llevará a la total destrucción del sistema político y social a escalas mundiales y correremos el riesgo de caer en el comunismo, un mal que la humanidad creía superado. Las escuelas serían verdaderos templos del terror, formadoras de seres monstruosos capaces de pochar el pan en la leche, de un peligroso grado de intuición, capaces de percibir a un docente poco creativo a una distancia de dos cuadras, y de ignorar a un docente que los ignora. Estos seres capaces de entrar a una escuela sin guardapolvo atentaran sin dudas contra las buenas costumbres cristianas

Ya lo dijo el general Perón ‘por cada uno de nosotros caerán cinco de ellos’. Esta es, señores y señoras, la única forma de combatir al enemigo, por eso debemos pensar seriamente en reimplantar modos de castigo de todo tipo, como por ejemplo permanecer durante cinco minutos en el baño cuando el portero no tiene ganas de limpiarlo y permanece durante un largo tiempo potenciando sus olores. Y, en los casos mas graves de indisciplina, permanecer cinco minutos en una sala de profesores atándoles las manos en las espaldas para que no se pueda tapar los oídos .

En definitiva la idea es aportar algunos elementos al debate sobre la falta de límites y el síndrome de la ‘manus ginobilis’

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